Dentro de menos de un mes se supone que estaremos inmersos en la maravillosa tarea de cambiar de casa, con todo lo que ello implica. Así que puestos a no sulfurarnos demasiado y ya que estamos de vacaciones, por mi casa ya empiezan a haber cajas de mudanza. Mis padres ya han comenzado con tranquilidad a ir llenando cajas y a ir vaciando altillos (lo que puede llegar a caber en estos lugares). Ya han comenzado los trasiegos entre trasteros, casa nueva, lleva esto aquí, esto para allá…
Por mi parte he comenzado esta tarde (no tenía nada mejor que hacer) a llenar alguna que otra caja. Los que hayan visto mi cuarto recordarán que tengo un rato de libros, así que con ellos he empezado:
¡¡¡Mis tres primeras cajas!!! Y más que quedarán, en mi cuarto hay mucho trabajo. Los libros se empaquetan rápido, pero cuando llegas a los cajones te dan ganas de volcarlos a la cajas y marchando.
Por suerte (o por desgracia), en mi familia ya hemos experimentado unas cuantas mudanzas (haber vivido en varias ciudades implica precisamente mudarse de casa ;)) y estamos realmente organizados. Cada caja se identifica con un número que corresponde a la habitación a la que pertenece (salón, despacho, etc) y la extensión de la caja la identifica del resto y permite buscar en un listado su contenido. Cuando las cajas llegan al destino, a los de la mudanza se les dice “las cajas con el número 1 al salón, las del número 2 al dormitorio principal…” y luego con la extensión localizamos las cosas y comenzamos a desempaquetar. Se ahorra trabajo pero aún así hay que sudar ;). Es una idea muy simple y directa, pero a muchos se les pasa por alto. Cuando tienes unas decenas de cajas agradeces tener un listado con todo lo que hay ahí.
En fin, entre sol, playa, internet, aire acondicionado y demás, toca ir haciéndose a la idea de cajas, cajas y más cajas.
Nos vemos!